Las siglas ABP hacen referencia al Aprendizaje Basado en Proyectos y se trata de una de las metodologías más populares entre aquellos profesores que les gusta innovar y a su vez mejorar el proceso de aprendizaje del alumnado.

El aprendizaje basado en proyectos fomenta la autonomía y responsabilidad en los alumnos, ya que ellos son los encargados de su aprendizaje. Además, incita a los alumnos a resolver problemáticas planteadas y trabajar en diversas tareas de planificación, estructura de tareas y producción.

 

¿Qué es el ABP?

Consiste en unir varias asignaturas para poder trabajar entre ellas un tema común. Es decir, aunque cada profesor trabaje en cada clase sus objetivos y contenidos principales, todos se unen para poder elaborar un producto final, un resultado final de manera transversal.

La idea principal de esta metodología es poder conectar contenidos de distintas ramas, favoreciendo así su uso en cualquiera de las asignaturas vinculadas y ayudar al alumnado a entender la relación que existe entre cada uno de ellos para poder así construir un conocimiento. La clave está en conseguir conectar materias que a priori parece que no tienen nada en común entre sí, para que el alumnado les encuentre aún más valor. 

Este método convierte a los estudiantes en protagonistas de su propio aprendizaje y logra que aprendan haciendo: por eso, a la hora de programar cada una de las actividades, los docentes necesitan definir muy bien qué objetivo persiguen y qué materiales deben elaborar.

 

Principales beneficios del ABP

1.Motiva a los alumnos a querer aprender: Al tener que relacionar los conceptos básicos entre las distintas asignaturas, el alumnado se siente más motivado a aprender al ver que los contenidos son de utilidad para el resto de las áreas. 

 

2.Aprendizaje más autónomo: al poner al alumnado en el centro del proceso, este se vuelve más autónomo. Así mismo, el alumnado también mejora las habilidades individuales al tener que planificar por sí mismos el proyecto, la distribución de las tareas, etc. 

 

3.Fomenta el espíritu autocrítico: evaluando así su propio trabajo, analizando los puntos fuertes y débiles, aprendiendo de los errores y mejorándolos para poder obtener mayores resultados.

 

4.Mejora las habilidades sociales mediante el intercambio de ideas: al poner en común las ideas entre los compañeros se incrementan sus habilidades sociales, apoyándose así los unos con los otros para poder aprender entre todos y llegar al objetivo común. 

 

5.Promueve la creatividad: Al tener que crear un proyecto que resuelva las cuestiones planteadas y que ponga en común todas las ideas trabajadas en clase, ayuda a aumentar la creatividad entre el alumnado, dando vueltas así a una posible solución y aportando ideas. 

 

6.Aumenta la responsabilidad: pone en práctica su capacidad de tomar decisiones durante el proceso de aprendizaje haciéndoles así responsables de las decisiones que se tomen durante el proceso y del resultado final. 

 

¿Cómo incorporar esta metodología?

Antes que nada, debemos establecer un desafío principal. Éste debe ser un objetivo real, cuya respuesta no esté definida aún o que el resultado pueda provenir de varias respuestas al mismo tiempo. 

Es importante que el ambiente de trabajo del alumnado sea potenciado por la confianza, el trabajo en equipo, el apoyo y la libertad de opinión, de este modo resultará mucho más sencillo para ellos poder ofrecer una solución al problema. 

Como profesor, el rol principal es el de dar una figura de guía y apoyo durante el proyecto, alguien en quien el alumnado pueda recurrir en caso de duda o problema. Así mismo, el profesor deberá invertir una alta dedicación y planificación al tener que diseñar una gran cantidad de ayudas educativas adecuadas para cada uno de los grupos de estudiantes.

“A pesar del hecho de que muchos todavía quieren creer que el valor añadido del profesor reside principalmente en lo que sabe –es decir, los contenidos–, el futuro nos muestra que lo más importante no es esto, sino el método: la forma como nosotros, los profesores, hacemos las cosas, cómo proporcionamos a los estudiantes los instrumentos que necesitan para crecer, para encontrar la información –el conocimiento– que los hará capaces de distinguir entre información verdadera y falsa, y cómo les inculcamos un sentido crítico. La manera de conseguir que las personas aprendan será lo que nos distinguirá, lo que nos hará mejores y nos dará prestigio” comenta Albert Sangrà, pedagogo catalán.

Además, es importante tener en cuenta que esta metodología se basa en la indagación permanente por parte del alumnado y su autonomía. El alumnado aprende a través de la búsqueda y de su comprensión por lo que se deja a un lado la educación pasiva para que el alumnado pase a ser el protagonista en la construcción de su conocimiento y desarrollo.

Unido al párrafo anterior podemos añadir que también es importante que el alumnado entienda que no pasa nada por equivocarse, debemos eliminar el miedo al error. El ABP se basa en la experimentación y el aprendizaje de los errores para poder seguir avanzando hacia el producto final, es por eso que deben ser conscientes que siempre hay cabida para el error y no ocurre nada si nos equivocamos.

 

¿Cuándo incorporar esta metodología?

Para introducir el Aprendizaje Basado en Proyectos en el aula, es recomendable hacerlo lo antes posible para que los estudiantes se vayan familiarizando con la metodología y formas de trabajo. De este modo, les acostumbramos desde bien pequeños con las metodologías de aprendizaje basadas en proyectos, así como todo lo que repercute para ellos.

Lo mejor sería empezar desde una temprana edad, por ejemplo y en infantil, y no dejarlo hasta bachillerato, incrementando al máximo todas sus cualidades.